El mecanismo por el cual los seres vivos se atraen, es una cuestión que ha mantenido ocupado a los sabios desde que el “mono yan” empezó a razonar sobre los misterios de la vida. En los comienzos más remotos, se sabía que esta era una cuestión que no requería mayores razones pues, llegado el momento de la urgencia el macho haciendo uso de su superioridad muscular se tomaba la libertad de satisfacer las demandas de la libido sin más contemplaciones que las que su órgano sexual apremiaba. Sin mediar palabra, el gruñente yan troglodita primitivo hacia uso de su derecho copulativo sin la mas mínima delicadeza por su compañera.
La premura del deseo inminente no le permitía razonar ya que, el ejercicio mental requiere de energía y todo su torrente circulatorio sanguíneo, necesario para las funciones del pensamiento, era desviado a la región genital para garantizar la erección.
Esta es una ley natural que ha acompañado al “mono yan” en cada salto evolutivo; la limitando de no poder hacer dos cosas al unísono; o bien piensa o se dedica al placer sexual, jamás dos cosas al mismo tiempo. La “mona yin” sin embargo puede disfrutar del acto sexual a la vez que esta sacando cuentas y modificando el presupuesto familiar, planificando la próxima receta de comida, recorriendo la lista de compras del supermercado y planificando los detalles del día siguiente y su condición psíquico-físico-fisiológica le permite alcanzar el clímax, la recompensa del amor físico representada en el orgasmo que, puede ser único o múltiple.
La capacidad del macho sin embargo, no le permite ese lujo y debe dedicarse a cada actividad por separado porque, si por casualidad la función pensante es activada durante el acto sexual el macho pierde la erección. Una vez satisfecho este fuerte y natural instinto, el cavernícola recuperaba la calma y se restablecía el flujo sanguíneo necesario para otras funciones vitales, el cerebro recuperaba la energía coartada y el yan troglodita volvía a hilvanar algún pensamiento: dormir, comer, cazar o hacer la guerra. Esas ideas lo mantenían ocupado entre una erección y la siguiente!
Yo leo esto, pienso y veo todo tan distinto…Será que estuve embalsamado y me perdí el cambio?
Graciela Mayo
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